Eugéne Atget (Libourne, Francia 1857) realizaba fotografías documentales de París, sus barrios y de los monumentos históricos a primera hora de la mañana, siempre sin la aparición de gente en ellas. Sin embargo, el París que a él más le interesaba es aquel que se encuentra en constante cambio, no el París oficial. De hecho, una de sus aficiones era retratar los monumentos que iban a desaparecer y dejarlo indicado por escrito en la fotografía, consiguiendo una visión nostálgica de la ciudad, una mirada fría, dramática y determinante. Sus fotografías fueron analizadas por figuras como Berenice Abbot y Man Ray quien, interesado por su obra, le presentó a los surrealistas, grupo al que Atget no quiso unirse al sostener que a él no le interesaba el enfoque político y moral que implicaba y al declarar que sus obras no eran más que simples documentos. Lejos estaba de imaginarse que en 1968 el MOMA de Nueva York adquiría 10.000 negativos suyos y que sería considerado “inventor” de lo que se conoce hoy como “fotografía moderna”






